DESPEDIDA DE LA LUNA
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Este fragmento pasará a formar parte, como capítulo cerrado,
de un libro que quizás nunca vea la luz... Con lo peor de mí.
24 de marzo de 1998
(Casualidad misma fecha... en distinto año)
Hoy, como casi todos los días, la tristeza habita en mí, una tristeza ancestral, sin sentido, sin principio ni fin.
Hoy escribo esto con la absoluta certeza de que no llegará a nadie, de que nadie, ni siquiera desde la lejanía podrá hacerme sentir el dolor del silencio, de la indiferencia intencionada, de la frialdad sepulcral.
Hoy, por fin, me he sentado frente a mi ventana, y sabes qué, he visto los cerezos repletos de hojas verdes y de repente me he dado cuenta que mirando una falsa realidad no los he visto florecer. No he visto como germinaban, no he visto como abrían sus pétalos y extendían sus filamentos rosados en busca del sol, no he visto como se marchitaban y caían alfombrando el suelo de colores blanco y rosa, no he visto cómo el viento las arrastraba, no he visto cómo caían por fin al río y éste las llevaba hasta el mar...
¿Te das cuenta de lo que he perdido...?
Perdí noches tibias de primaveras llenas de suspiros y deseos...
Perdí mi espalda sobre tu pecho contemplando el mar y en él la luna llena...
Perdí el roce de tus labios en los míos...
Perdí el alivio de la calidez de tu aliento sobre mis mejillas frías...
Perdí ilusiones, y sueños, y esperanzas...
Perdí la ocasión de sentir por un momento, por un instante acaso, la sensación que alimenta mi vida, la magia que crea la ilusión de estar vivo...
Perdí la sensación, la gran sensación, la sensación con mayúsculas, la sensación de ser amado.
No me queda siquiera la de haber sido querido, o deseado, ni tan siquiera estimado, tan sólo menospreciado.
La tristeza habita en mí y en mi corazón una sensación de vacío capaz de asfixiarme.
¿Qué quieres que haga ahora yo con esto?
¿Cómo te saco de mi vida?
¿Qué hago para olvidarte?
Te resulta gracioso... ¿verdad?
Me parece estar leyéndote:
"No te entiendo, no entiendo lo que me dices, no entiendo por qué, no entiendo, no entiendo, no entiendo, no entiendo...
Me alegra que...
Me alivia que...
Me quitas un peso de encima..."
Y sin embargo has cogido un resfriado, y sin embargo me echas de menos y sin embargo me lloras... y recuerdas aquel abrazo y aquel susurro aquellas palabras que apretada a mí pronuncié despacito, despacito y en voz baja por miedo a que se rompieran tan frágiles eran.
Hoy... la tristeza habita en mí y una sensación de rabia y de impotencia me invadió cuando me asomé a tu ventana y escuché tus palabras lastimeras y ví tus lágrimas correr, redondas, saladas, azules como gotas de mar,......, y sí, por qué no, lloré, y casi me arrepentí.
En estos momentos oigo una canción, es mi canción, una canción de amor, de noches abrazados en una alfombra, rodeados de velas, noches de olores y colores, noches de poemas dedicados a los años juntos, a los proyectos juntos...
...y sabes qué, me siento feliz, inmensamente feliz...
...y ahora entiendo y comprendo por qué me gusta vestir de negro...
...y por qué mis días son grises...
...y por qué a mis pelos les dan arrebatos y suben y bajan, brillan, se apagan y andan revoltosos...
Sabes...
Ya no puedo ver...
Desde que me falta el brillo de tu pelo y el reflejo del mundo en tus ojos.
Ya no puedo oir...
Desde que me falta el sonido cantarín de tu risa y la dulzura de tu voz.
Ya no puedo oler...
Desde que me falta el perfume de tu pelo, el olor a ti, mi niña, que lo mismo me recuerda la furia de la mar encrespada como la quietud de un valle. O una flor... Mi flor... Mi niña.
Ya no puedo tocar...
Desde que me falta la curva suave de tu cuello. El vello rizado de tu nuca. El terciopelo de tus mejillas... El cielo de tu boca... De tu boca, mi niña...
Ya no puedo gustar...
Desde que me falta la miel de tus labios, la sal de tus lágrimas compartidas.
Desde que me faltas tu, mi niña...
¿Cómo puede un hombre seguir siendolo cuando no puede sentir el mundo?
¿Cúando todo lo que le rodea es invisible, insonoro, inoloro, intangible... insípido...?
Tu me enseñaste a vivir y a disfrutar del mundo que me rodea, pero ahora no hay mundo que me rodee. Ahora estoy solo. Y vacío... Estoy muerto.
Tan solo vivo de noche...
Cuando el mundo es aun más invisible.
Cuando hasta el silencio se calla... y las flores guardan su perfume para los vivos.
Cuando el agua no moja ni el fuego quema.
Cuando la piedra sabe a ambrosia o la fruta a cartón.
Y de pronto... el invierno se convierte en primavera, y la noche en día... y hay colores. Muy vivos. Si. Muy vivos...
Porque has aparecido tu.
Porque te sueño... y me parece que sueño de día y vivo de noche...
Porque para mi es todo más real...
Porque estas tu...
...y yo contigo... y te siento... y vivo.
Sin embargo, y a mi pesar, me despierto. Y ando por la vida errante, dejándome llevar.
Sobreviviendo tan solo de tu recuerdo.
Pero triste e inútil vida es esta vida.
Ya no quiero vivir tan solo de tu recuerdo.
Ya no puedo...
¡Dios...! ¡Te echo tanto de menos!
¡Ja!
¡Menuda paradoja!
¿Cómo puedo decir que te echo de menos si nunca te he tenido?
Si tan solo te he tenido en mis sueños...
Si ni siquiera he podido saborear tus labios...
...Si ni siquiera sabré si tu soñabas conmigo...
¿Es posible eso?
Saikio Shore...
El último Caballero Samurai...
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